"¡Mi lenguado, está fresco!". Cada mañana, aquí es donde, bajo las Plazas del siglo XIX, tanto les gusta llenar sus cestos de productos buenos a los turistas como a los habitantes.
Porque si uno quiere pescado u ostras, aquí es donde hay que venir. El miércoles y el sábado son los días de gran mercado. Allí, las tablas de los carniceros, de los queseros, los floricultores y primicias se desbordan en todas las calles vecinas.
Merendar en este buen humor, es dejarse tentar por los productos de la tierra, las ostras, productos de la región, hogazas queseras, mejillones de Bouchot, Cognac, Pineau.
El mercado es un paseo ineludible. ¡Qué remolino de olores y de colores! Del amanecer a la hora del almuerzo, todo el mundo allí se apresura. El barrio vive en el diapasón de sus plazas. Luego, por la tarde, ocurre un cambio de decorado y de ritmo, el sitio se adormece.
Un lugar tranquilo para dar una vuelta curioseando en las pequeñas calles con nombres evocadores: calle de zapateros, calle de los “cloutiers”, calle “Buffeterie”… Por todas partes en este barrio se divisan rastros antiguos, portales, gárgolas, tragaluces.
En la calle del “Minage” todavía existen los estandartes de los hostales de otro tiempo. Escuchen, casi se oyen las carretas sobre los adoquines...