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Aire libre del Puerto de Plomb

Publicado en 11 Agosto 2017 - Commentaires (0)
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Si os apetece dar un paseo al aire libre, no lo dudéis más. Dirección el Puerto de Plomb entre los pueblos de Houmeau y Nieul-sur-Mer, un remanso casi confidencial con barcos coloridos y donde poder disfrutar de un bonito y tranquilo paseo.

 

Hacia el sur, podréis acercaros a la playa L’Houmeau, atravesando antiguas cabañas, algunas reconvertidas en restaurantes y cafeterías.

 

En dirección hacia la Bahía de Aiguillon… caminaréis por los salientes de altos acantilados de piedra caliza y disfrutaréis de unas vistas que cortan la respiración. A babor, se extiende la preciosa Ile-de-Ré de la que se pueden distinguir las bahías, la punta e incluso los faros, dependiendo del tiempo. Justo enfrente, el océano Atlántico y el Pertuis Breton. A estribor, se desvela la Bahía de Aiguillon y su amplia curva que os llevará a las tierras de Vendée. Al final de la costa se encuentran las estaciones de La Tranche-sur-mer y La Faute-sur-mer.

 

Pasando por el Paso de Mortefoin… este es un lugar de tranquilidad y aire libre. Aquí se viene en familia para hacer volar las cometas en las praderas que rodean el acantilado; en pareja para perder la vista en el azul del mar; en modo deportivo, andando o en bicicleta, para llegar a Marsilly y Esnandes por el sendero costero. En resumen, es el paseo perfecto para todas las estaciones.

 

El mirador con mesa de orientación. Si se continúa se bordea un promontorio que parece natural, cubierto de hierbas salvajes: allí, tras subir unos escalones de madera, se llega al mirador con una mesa de orientación y unas maravillosas vistas de la bahía.

Aquí estaréis en uno de los numerosos vestigios de la Segunda Guerra Mundial, antiguo blockhaus para controlar la navegación alrededor de la «Poche de La Rochelle». En este lugar se implantaron las tropas alemanas, al igual que en Royan, y convirtieron la ciudad uno de los últimos focos de resistencia enemigo de la costa atlántica.

 

Después fueron los «carrelets», compañías fieles a nuestro litoral, quienes marcaron el camino. Algunos han sobrevivido y otros, víctimas de las últimas tormentas, muestran bonitos pilares con su pequeña cabaña que despiertan al niño que llevamos dentro.

 

Si seguimos aún un poco más lejos (no demasiado que luego hay que volver...), se puede bajar directamente andando hasta los acantilados, en la playa de guijarros blancos.

 

¡Un paseo que permite disfrutar del aire salado!

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